Mujer

UGT, un sindicato feminista que trabaja por erradicar el techo de cristal


Pese a que hay quien se empeña en decir que la brecha salarial de género es un invento, lo cierto es que no solo existe, sino que se ha agrandado en los últimos años. UGT, sindicato feminista.

Así lo indica un informe elaborado por la escuela de negocios EADA y la consultora ICSA a partir del análisis de 80.000 datos salariales de toda España.

En el bloque de presencia en cargos de trabajo, se observa cómo las diferencias son estructurales prácticamente desde la base, y se van ensanchando a medida que las mujeres ascienden de nivel profesional. Ellas ocupan el 43,3% de los empleos base, el 28,5% de los mandos intermedios y solo el 18,8% de los cargos directivos. Esta es una de las características del llamado techo de cristal.

Conscientes de esta situación, en UGT trabajan desde hace años desde una perspectiva feminista que garantice la igualdad entre todos sus miembros, con independencia del género o el cargo que ocupe.

En el caso de UGT Servicios Públicos Málaga, de los 10.058 afiliados, más de la mitad son mujeres, con un total de 5.228 frente a 4.800 hombres.

María Eugenia García-Viso, secretaria del Sector de Administración General del Estado y Postal, funcionaria de prisiones de profesión, fue una de las responsables electas en el congreso de UGT-Servicios Públicos Málaga.

«Es una satisfacción y un orgullo ocupar este cargo, pero también una gran responsabilidad debido a los problemas que tienen en la actualidad los sectores de los que me ocupo», asegura García-Viso. En este sentido, la secretaria, que lleva 12 años afiliada al sindicato, apunta dificultades como las que están viviendo en el servicio postal, donde, asegura, están «desmantelando el sistema público, cerrando oficinas y suprimiendo puestos de trabajo con las consecuencias negativas que eso tiene para los trabajadores y la ciudadanía en general, especialmente la que reside en esa ‘España vaciada’», expone la secretaria. Debido a esto, desde el área que preside se están llevando a cabo asambleas en centros de trabajo, mociones en los ayuntamientos y concentraciones. «Y no descartamos la huelga si la situación lo requiere». También nos da cuenta de la complicada situación laboral que se vive en organismos como el SEPE, Seguridad Social e II.PP.

Carmen Gaona ha dedicado buena parte de su vida a trabajar por la sanidad pública. Esta auxiliar de enfermería y actual secretaria del Sector de Salud, Dependencia y Sociosanitario, lleva 20 años afiliada a la UGT, muchos de los cuales como secretaria general en la sección sindical del hospital Virgen de la Victoria. Por ello no se amilana al denunciar que Málaga «es de las provincias de España con menos camas y una ratio más baja de profesionales en la sanidad pública, algo que, como ha demostrado la pandemia es una situación muy peligrosa para toda la ciudadanía», resalta en referencia al colapso de los hospitales de la provincia en las diferentes ‘olas’ de la COVID-19.

Respecto al papel de la mujer en este sector, Gaona asegura que, si bien en salud hay muchísimas compañeras, todavía son minoría en puestos de dirección y gerencia. «Hay que seguir trabajando y conseguir estar también en los despachos», recuerda.

En el caso de Catalina Núñez, secretaria de la Administración local, su labor se focaliza en el trabajo con los ayuntamientos, la Diputación, el Consorcio de Bomberos y el Patronato de Recaudación. Un área que concentra a más de 20.000 trabajadores entre los cuales las mujeres, más del 50%, no ocupan puestos de responsabilidad. «Se ha avanzado mucho, pero el techo de cristal existe», afirma contundente.

En este sector el principal problema que se encuentra actualmente la secretaria está en los 75 municipios que tienen menos de 5.000 habitantes. «Muchos no tienen convenios ni relación de puestos de trabajo, por lo que nuestra labor es ayudar a los ayuntamientos a negociarlos, que se publiquen y que se lleven a cabo».

Con respecto a las listas de representantes de trabajadores, Núñez afirma que intentan que haya paridad, «pero es complicado porque todavía falta cultura y educación».

Por su parte María Adela Zafra, secretaria del sector autonómico y entes instrumentales, está encantada con el cargo, pese a todo el trabajo que conlleva. «El equipo humano es excepcional. Y sé que mis compañeras pueden decir lo mismo, pero me gusta reivindicar al mío porque son veteranos comprometidos y muy entregados», afirma Zafra. El trabajo lo requiere, ya que en esta área tienen que gestionar los problemas de funcionarios y entes públicos. «Nuestro objetivo es arreglar los problemas, darle curso o negociarlos, pero es una tarea complicada», asegura. No en vano, el próximo 12 de julio han convocado una concentración a las 10.30 en el patio del Edificio de Usos Múltiples del Ayuntamiento de Málaga «por la mala situación de los recursos materiales de Infoca, con transportes antiguos y en mal estado, y el ninguneo de sus trabajadores, cuyas reivindicaciones salariales están siendo ignoradas», explica la responsable.

Zafra, que ha trabajado en el Instituto Andaluz de la Mujer, mantiene que, aunque la sociedad sigue siendo machista, en el sindicato se apoyan más allá del género. «Incluso te ayudan a superar los miedos y reticencias que puedes sentir de no estar a la altura, algo que se debe tanto a la educación recibida por muchas mujeres, como a los problemas de conciliación que solemos tener. Por eso es un honor asegurar que actualmente la UGT apuesta por la representatividad de las mujeres en puestos de responsabilidad, como es nuestro caso».

Lucía Antequera, secretara de Servicios a la comunidad, fue la segunda mujer en incorporarse a la plantilla de Limasa, actualmente Limasam, en 1999. Siete años más tarde pidió entrar en el comité de empresa, y desde 2009 forma parte de la ejecutiva.

«Nuestro sector está muy masculinizado. Es curioso porque la limpieza siempre ha sido mayoritariamente femenina, pero en el caso de las calles y la gestión de residuos urbanos los compañeros son principalmente hombres». Sin embargo, Antequera asegura que no existe discriminación por ser mujer, algo que en su empresa tiene su principal exponente en la igualdad salarial. «En Limasam (y antes en Limasa) las personas cobran por la labor que realizan, con independencia de su género. Y entre los compañeros no existe ninguna brecha, somos un equipo», afirma. Esta igualdad, no obstante, no se mantiene en todas las áreas de su trabajo. «A veces al reunirnos con empresarios tienen reticencias por negociar con una mujer, pero son iniciales y después el trato se iguala. Donde aún no hemos conseguido ese reconocimiento es en la calle, con personas que aún nos increpan que este no es trabajo para nosotras», reconoce. Ante esto, la responsable cree que hay que hacer pedagogía. «Tanto a la gente para que entienda que no hay trabajos de hombres ni de mujeres, como a las compañeras para que se animen a asumir cargos de responsabilidad, para lo cual es fundamental la educación y apostar por la conciliación».

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